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Personalmente estoy “algo” cansada de escuchar voces experimentales que apoyan como puntal magnánimo, tanto para el logro académico como el aprendizaje, a “la inteligencia”. Sí que es verdad que esta es la capacidad para entender, asimilar, elaborar y utilizar información adecuadamente, pero no solo este factor es el que juega de manera unilateral a la hora de establecer un buen aprendizaje, ya que si no estaríamos delante de un reduccionismo sin igual (aunque muchos profesionales abogan y como no, se ahogan, dentro de este reduccionismo). Cada vez hay más estudios que apuntan a una interrelación tanto de factores intrapersonales (inteligencia, motivación, emociones, autoconcepto, autoestima, etc) como interpersonales (familia, profesores, amigos, compañeros, etc) para la adquisición de un aprendizaje, ya sea académico o no.

Uno de esos factores intrapersonales al que le doy mucha importancia es el autoconcepto.  Este se encuentra en un proceso continuo entre la valoración que se hace uno mismo con la valoración que hacen los demás de uno mismo. Por lo tanto, un niño/adolescente puede anticipar el resultado de su conducta a partir de las creencias y valoraciones que hace de sus propias capacidades, es decir, genera expectativas de éxito o de fracaso que repercutirán sobre su motivación y rendimiento, y por lo tanto en su aprendizaje. El rendimiento, ligado al autoconcepto y a la motivación, depende en un alto grado de la capacidad creída o percibida, y cuando un niño/adolescente tiene confianza en “su capacidad de éxito” en una tarea, ya sea escolar o no, aceptan el desafío planteado y se esfuerzan en realizar la tarea. Toda esta confianza en sus capacidades genera una gran autoconfianza y autoestima, la cual debe ser cuidada y fomentada desde casa, ya que son los padres en primera instancia los que ayudan a través de sus cuidados y amor la autoestima del niño.

En cuanto a las emociones, estas son estados afectivos que indican estados internos personales, motivaciones, deseos, necesidades e incluso objetivos, las cuales influyen en el modo en como se percibe una situación y se valora. Cada persona experimentamos una emoción de forma particular, ya que depende de nuestro carácter y de nuestras experiencias o aprendizajes. Comprenderlas, procesarlas y manejarlas es una experiencia de aprendizaje, ya que estas son aceleradoras o inhibidoras del proceso de pensar cuando iniciamos, dirigimos y controlamos operaciones mentales, desempeñando un papel fundamental en nuestras vidas. Es importante conocerlas bien cómo se desarrollan y cómo afectan en nuestras adaptaciones tanto personales como sociales.

Los procesos emocionales son esenciales e importantísimos desde una edad muy temprana, ya que se potencia la memoria, el aprendizaje, la percepción y el pensamiento de alto nivel: las emociones son importantes para pensar, no se puede pensar sin emociones”. Hay cuatro niveles en los que nuestros estados emocionales pueden afectar nuestro aprendizaje:

1) En una etapa inicial (predisposición, motivación, interés)

2) En una etapa intermedia (perseverancia, persistencia, regularidad del estudio)

3) En una etapa de obstáculos (manejo de las dificultades, frustración o adversidad)

4) En una etapa final (equilibrio emocional en el examen de nuestros conocimientos o en la aplicación de los mismos).

También es importante tener en cuenta una serie de aspectos que, personalmente, pienso que son prioritarios a la hora de adquirir un buen aprendizaje, ya que que pueden favorecerlo o todo lo contrario desfavorecerlo, y como no, influir en las emociones del niño/adolescente:

FAVORABLE PARA EL APRENDIZAJE:

-Familia que apoya, motiva, que está contenta con los logros y que participa en actividades escolares.

-Buenas relaciones interpersonales.

-Buena comunicación.

-Clima escolar: familiar, acogedor, flexible, comprensivo.

DESFAVORABLES PARA EL APRENDIZAJE:

-Falta de apoyo de los padres, separación de los padres que ello conlleve discusiones y peleas entre ellos, familia donde se utilicen castigos físicos.

-Malas relaciones interpersonales, compañeros hostiles.

-Clima escolar: Discriminador, frío, indiferente, estricto.

Una de las emociones negativas que conlleva a la no ejecución o evitación es el “aburrimiento”, produciendo así una motivación negativa para evitar la realización de la tarea. También existen otras emociones, tales como ansiedad, ira, o desesperanza que pueden comportar a la reducción o anulación de la motivación, y así el niño/adolescente presupone que no podrá alcanzar los resultados que ellos desean lograr. Con un estado anímico pesimista la distracción es mucho mayor, con lo cual este estado incrementa la dificultad a la hora de poner atención. Por lo tanto, las emociones negativas tales como la ira o la irritabilidad, o los estados anímicos tales como la depresión, ansiedad, afectan al desempeño diario de la atención, de la memoria, y por lo tanto, de la productividad.

Las emociones positivas como la alegría, el entusiasmo o el coraje, aumentan el pensamiento innovador, la capacidad de síntesis, y nos impulsan con la energía emocional adecuada a llevar adelante con eficiencia cualquier proceso de aprendizaje.

                                                   “No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con ellas”. Jorge Bucay

“El aprendizaje es un simple apéndice de nosotros mismos; dondequiera que estemos, está también nuestro aprendizaje”. William Shakespeare