Hoy entrevistamos a Yolanda Márquez, psicóloga de EspaiPAS, un proyecto de “psicología cálida” fruto de horas de trabajo con niños y adolescentes, de la observación de sus problemas en el desarrollo evolutivo, cognitivo, psicológico y social, y cómo ello impacta en la familia. EspaiPAS no solamente ayuda al niño, adolescente o adulto sino también actúa o guía a las familias a la hora de solucionar globalmente las dificultades que surgen en cualquier ámbito, coordinando este trabajo con la interactuación con la escuela. En definitiva, EspaiPAS ofrece un enfoque cercano, empático, de máxima confianza, próximo, el cual ayuda afrontar problemas o dificultades que pueden surgir a lo largo del camino de la vida, agravados ahora en tiempos de crisis…


 
Muchos padres, por cuestiones laborales, no pueden pasar todo el tiempo que querrían con sus hijos…
 
Veamos, pienso que no se trata de cantidad, sino de calidad. No se trata de dedicarles muchos minutos, horas o ratos sino de que esos ratos sean auténticos. Si esos momentos en los que estás con tu hijo, te sientas, estás solo por él, le cuentas un cuento, pintas con él, miras algo que a él le interesa o le preocupa, ahí estás creando ese vínculo afectivo que tanto le hace falta. No hay que sentirse culpable si no podemos estar más tiempo con ellos si no se puede por motivos laborales, debemos tener presente que ese tiempo que les dedicamos vale la pena, es efectivo y afectivo. En esos cortos ratos que les dedicamos preguntémosles qué han hecho durante día como por ejemplo en el colegio, al fin a cuenta es su mundo, es donde ellos tienen sus preocupaciones, sus ilusiones, sus frustraciones y sus amigos, pero expliquémosles también qué hemos hecho nosotros durante el día. De esta manera lo que le estamos demostrando que ellos también son importantes para su padre y para su madre. En una familia tiene que haber comunicación.
 
En la era de la información, falta comunicación…
 
Pues sí. Hay algunos por no decir muchos niños que no se enteran de lo que pasa en sus casas. Están como apartados de lo que ocurre en el núcleo familiar, fíjate incluso hay niños que sus padres se separan y no se dan cuenta hasta que sus padres lo sientan un día para explicarles que al día siguiente uno de sus padres marchará de casa, u otro ejemplo es decirle que su mama le traerá un hermanito en unas semanas o que se lo encuentra ya en el hospital. Algunos padres piensan en proteger al hijo de estas noticias para que no sufra y están muy equivocados porque los niños, da igual la edad que tengan, se dan cuentan cuando en su casa las cosas no marchan igual que antes. Y esto no es bueno. La comunicación familiar es muy importante, pienso que es una de las bases de una buena relación familiar. Hay que explicarles al menos las cosas importantes que suceden en el seno familiar. Los niños son niños pero también tienen voz propia. Pero cuidado, tampoco eso quiere decir que se tengan que saberlo todo, hemos de tener presente la etapa evolutiva en que se encuentra el niño y sus características intrapersonales, ya que no todos los niños o adolescentes de la misma edad son iguales. Deben que ser partícipes y se les debe explicar las cosas importantes de forma que ellos lo entiendan. Se debe hacer partícipe a los niños o adolescentes de lo que ocurre en la familia, tanto si es positivo como si es negativo, y en lo ultimo por ejemplo entraría enterrar a un ser querido. Pienso que hacerles participes de una perdida es importante para que él pueda gestionar mucho mejor el duelo ante dicha perdida, y que pueda despedirse de su ser querido. Pero hemos de tener en cuenta lo que él quiere hacer, pienso que hemos de respetar su última decisión y darles voz ante la perdida.
 
¿Hoy en día hay una tendencia compulsiva a llevar a los niños al psicólogo por todo?
 
¿Tú crees? Yo cambiaría a que hay una compulsión brutal de diagnosticar y categorizar con un trastorno a un niño que tiene un comportamiento que se aleja de los parámetros de la “normalidad”. Me parece increíble lo que está pasando en la actualidad en las consultas pediátricas o psiquiátricas, y como no, en las aulas. ¿Cómo puede ser que haya tantos niños por ejemplo con TDAH? He leído hace unos días en un artículo que 2 de cada 3 niños diagnosticados con TDAH realmente no tienen TDAH. Yo me encuentro niños o adolescentes que sus padres vienen con la receta médica, que han sido diagnosticados o por el profesor (porque son niños que no paran en el colegio), o por el pediatra (porque sus padres insisten que son niños que no están quietos o porque van sugestionados por el colegio) o por el psiquíatra (vistos solo con 45 minutos de sesión). Diagnosticar un trastorno no es tan fácil como ahora parece que está de moda diagnosticar el TDAH. Se les da fármacos a los niños en ese sentido cuando no tienen ese trastorno. Es incomprensible. Se medica tanto a los niños, con tantos fármacos, que se convierten en zombies. Eso es muy peligroso y preguntémonos para quien es efectivo esto. Con esto no quiero decir que no exista el TDAH, sí que hay niños y adolescentes con TDAH, pero no tantos como hay diagnosticados.
 
¿Cuáles son los principales problemas de los niños y adolescentes hoy en día, incluida la crisis?
 
Bien partiría los problemas en dos bloques: los emocionales y de comportamiento, por una parte; y luego tenemos el otro bloque, los trastornos escolares y de aprendizaje.
 
El primer apartado engloba los trastornos ansiedad por separación, fobias, evitación, retraimiento, aislamiento, ansiedad, depresión, trastornos de la eliminación, trastornos de conducta, trastornos de relación, etc…. Por ejemplo en el caso de los trastornos de eliminación, descantando algún problema fisiológico, nos encontramos que son niños que sufren tensión provocada por diversas causas, son niños que presentan una alta ansiedad por el día, esa ansiedad no la pueden controlar, o la controlan con mecanismos de defensas muy rígidos y poco flexibles, por lo que cuando llega la noche evacuan el pipí en la cama. Podemos decir que en este trastorno la eliminación y los problemas de ansiedad están muy ligados.
 
En el segundo bloque, tenemos trastornos como el TDAH y la hiperactividad, la dislexia, la discalculía, etc. Algunos trastornos pueden ser biológicos, pueden ser hereditarios, pero la mayoría tienen origen emocional.
 
¿Cómo intentáis ayudar en EspaiPAS al niño/ adolescente si es por ejemplo la familia la que tiene el problema, y los padres no quieren hacer terapia?
 
En esos casos, a largo plazo la terapia con el niño no funcionará, porque los problemas no son del niño sino que tienen origen en la familia. Es importante que los padres se den cuenta del problema, que su hijo es el “chivo expiatorio”, es el que tiene el síntoma porque es el más sensible, pero que el problema sigue latente en la familia. Muchos se dan cuenta y a veces no hace falta terapiar a la familia, simplemente con una guía se puede romper con el bucle disfuncional en el que están inmersos. Cada familia y cada niño es un mundo diferente, y no a todos les funciona lo mismo.
 
Se habla de “normalidad”, pero ¿cuál es la línea o franja que separa a un niño/ adolescente normal de uno que se sale de la normalidad?
 
Si nos basamos en la Campana de Gauss para establecer una demarcación en el nivel intelectual, esta nos marca científicamente a los profesionales qué niños se alejan de la normalidad y cuáles están en los márgenes normales. Normalmente hablamos de un porcentaje de un 2% de la población que se alejan de la “normalidad”, tanto en un extremo negativo como en un extremo positivo. Eso científicamente y para observar un nivel formal que  tienen muy presente el ámbito escolar. Para diagnosticar al niño o adolescente un posible trastorno, el trabajo es muy profundo, hay que realizarle varias pruebas psicológicas, evaluando su inteligencia, la personalidad, su actitud, la parte emocional la cual es importantísima, etc. Depende mucho del psicólogo, de su juicio, evaluar si el niño, adolescente o adulto realmente tiene un trastorno o no, porque en una evaluación entra en juego tanto la parte objetiva de la evaluación como la parte subjetiva del psicólogo.
 
¿No es mejor, sobre todo en los adolescentes o adultos, tener un amigo para resolver los problemas de la edad, que un psicólogo? ¿O que el psicólogo se convierta en su amigo?
 
Bueno, creo que aquí mezclamos términos. Un amigo pienso, en según qué casos y que dificultades, no podrá resolver todos los problemas. El psicólogo puede ponerse en un lugar tan empático como un amigo pero tiene una visión objetiva, cosa que el amigo no tiene, también puede estar cercano al adolescente o adulto, haciendo de guía, pero nunca debe ser su amigo. Un psicólogo es una persona con conocimientos, prácticos y teóricos que establece, eso sí, un vínculo terapéutico con la persona que viene a terapia para así ayudarle a superar sus problemas o dificultades. El vínculo terapéutico, que es emocional, entre los dos es muy importante, para poder ayudar  “cálidamente” al adolescente, al niño, al joven, al adulto…
 
 
Los problemas no resueltos en la infancia o la adolescencia, ¿se pueden resolver más adelante?
 
Sí, siempre que haya voluntad. Hay que tener en cuenta que los problemas no resueltos en la infancia se pueden cronificar en la edad adulta, así como los problemas que surgen en la edad adulta sino se tratan. Lo importante es que la persona que tiene un problema lo vea como tal, que tiene un problema y que por sí solo no podrá salir adelante, entonces es cuando están preparados para realizar una terapia. Como segunda parte importante, como antes te he comentado es encontrar una afinidad con el terapeuta. El tipo de terapia debe ser la que ellos se encuentran cómodos y se sienten seguros, fíjate una vez leí que hay 300 tipos de terapias diferentes, ahora no todas son reconocidas como terapias psicológicas como tal. Una vez el adulto llega a nuestra consulta por primera vez, como un niño, o un adolescente, lo primero de todo es forjar esa vinculación terapéutica que será la que nos ayude a mejorar su dificultad ya que el tratamiento será mucho más efectivo.
 
¿Se satura a los niños con actividades extraescolares hoy en día?
 
Por supuesto y es un craso error hacerlo. Se tiende a tener a los niños “ocupadísimos” hoy en día. Pero el niño necesita su espacio, su casa, sus cosas, jugar, leer sus libros, ver sus programas de la tele, su ordenador. Yo defiendo totalmente el uso del ordenador, simplemente hay que saber poner límites a todo. Se puede jugar a juegos didácticos con el ordenador, buscar información, eso ayuda a pensar de forma divergente, cosa que por ejemplo ver la televisión no da. Si sabemos utilizar bien las nuevas tecnologías, en plena era de la información, el niño se beneficiará de ello.
 
¿Qué ha cambiado a la hora de educar a los niños en 30-40 años?
 
Son dos momentos sociohistóricos totalmente diferentes. Hace 30 o 40 años, el modelo educativo se basaba en la autoridad, que ya venía fuertemente marcada por los abuelos y por el momento en que se vivía. Hoy en día, respecto a entonces, tenemos cambios significativos: la incursión de la mujer en el mundo laboral, la tipología de las familias (antes, solo tradicional; ahora, tradicionales, monoparentales, reconstruidas, re-reconstruidas, homoparentales, y ahora las familias que, con la crisis, en el mismo domicilio viven dos o tres generaciones…), etc.
 
Estas familias que se ven obligadas con la crisis a vivir todos bajo el mismo techo, ¿sufren una gran tensión, no?
 
Evidentemente, los problemas de convivencia son obvios, aparte de todos los demás problemas que la situación precaria genera. Además, en estos casos, la figura paterna y materna queda muy diluida, ya que todo el mundo parece tener voz y voto a la hora de educar a los hijos. Hay abuelos que respetan esto, pero otros no.
 
Volvamos a las diferencias entre la educación de antes y la de ahora…
 
Según los expertos cada cinco años dicen que la sociedad cambia. Hace cinco años, no habían Smartphones, ni Facebook, ni Twitter, imagínate. La comunicación ahora es incluso más interpersonal y en directo, con las últimas nuevas tecnologías. En la escuela, habría que introducir estas nuevas tecnologías más, aunque la crisis y los recortes ahora lo impiden.
 
Además, ahora a diferencia de antes hay una mucha mayor diversidad en cuanto al origen del alumnado. Tenemos ahora diferente tipo de alumnos, con diferentes necesidades y ritmos de aprendizaje. El profesorado, es mi opinión, no está formado para atender a tanta multiplicidad, a tanta diversidad. El profesor, entonces, recurre a la Campana de Gauss, enfoca “hacia la normalidad”, y los demás quedan fuera los superdotados por ejemplo, y los que no llegan al nivel, por las razones que sean. Fíjate en el caso de la superdotación un 70% de los alumnos superdotados tienen un bajo rendimiento escolar y un 35% sufre fracaso escolar.  Ya sabemos que los psicopedagogos cuando se diagnostica un caso de superdotación entran en juego, pero el problema es que los profesores no están formados para detectar estos casos, pienso yo.
 
¿Cómo ha cambiado el papel de la escuela y la familia en la educación de nuestros hijos?
 
Todo ha cambiado respecto al pasado. Algunos padres no ponen límites a sus hijos y pretenden que la escuela lo haga. Pero la escuela no puede resolver los problemas de la familia. Si la familia no puede resolver sus problemas, tiene que acudir a un profesional, para que les diga si tienen un problema, primero, y si lo tienen, poder resolverlo si ellos no tiene recurso para hacerlo. Y no pasa nada si se va al psicólogo. Ir al psicólogo o al terapeuta (eufemismo para decir psicólogo) no quiere decir que ir al psicólogo es estar loco. Pienso que hemos y seguimos estando estigmatizados, parece que una enfermedad mental o un una dificultad mental sea algo malo que deba de taparse, y es un error, porque cuantos problemas se hubieran podido resolver mejor si se hubiera hecho una detección precoz.
 
Por cierto, respecto a cómo han cambiado las cosas con los años, el otro día vi un chiste en las redes sociales sobre esto. Hace 30 años, con malas notas, los padres reñían al niño por ese motivo. Ahora, con malas notas, los padres riñen al profesor, han pasado de tener un papel importante a ser a veces menospreciados en su papel de educador, y eso no es justo…
 
Todo esto me suena a la generación ‘ni-ni’…
 
Pienso que los problemas de los “ni-nis” tienen su origen en la familia. Es un problema de falta de límites. Antes había demasiada autoridad y parece que se ha confundido autoridad o autoritarismo con límites. Pienso que hay que poner límites a los niños, ya que estos dan seguridad sino su vida se convierte en un caos, y la nuestra también. Te pondré un ejemplo dónde verás esto muy claro: Tú tienes un niño de un año, y lo dejas en una habitación con la ventana abierta. Tú como padre pondrás una reja para que el niño no se caiga, pondrás un límite. Es bueno para el niño. Lo mismo si lo llevas al supermercado y arrasa con las estanterías, le pondrás un límite para que no lo haga. Porque no lo hacen cuando sus hijos crecen, cuando son adolescentes, ellos en ese periodo evolutivo están construyendo su identidad y en ese gran trabajo entra en juego la rebeldía y la negación a todo lo que venga de la figura paterna y materna. Pues ahí también hemos de seguir con los límites, se los ponemos porque los queremos, porque queremos lo mejor para ellos, porque los cuidábamos cuando eran pequeños les dábamos la mano para empezar a caminar y que no se hicieran daño, y ahora debemos de hacer lo mismo, porque el adolescente ya sabe caminar, pero muchos de ellos no saben para donde…….
 
Hay otro tema que no hemos tocado, la sobreprotección de los hijos…
 
Es muy pernicioso sobreproteger a los hijos e intentar encerrarlos y aislarlos de un mundo al que se van a tener que enfrentar. Es un problema que afecta mucho por ejemplo en el cambio de Primaria a Secundaria. Hay que dejarles que se desarrollen normalmente con la gente de su edad y resuelvan sus problemas fuera, aconsejándoles cómo hacerlo pero que tengan total autonomía. Por ejemplo, al entrar en secundaria los padres tienen mucho miedo a que sus hijos entren en contacto con las drogas. Si hemos educado bien a nuestros hijos y les hemos explicado bien las cosas, no tendrán problemas de drogas. No se trata de sobreprotegerlos,  ya que se tendrán que enfrentar a la vida y sus dificultades antes o después. Claro que hay que estar al corriente de lo que hacen, pero de ahí a controlarlos excesivamente, hay un gran abismo, ¿no crees?
 
Vamos acabando, ¿vivimos en una sociedad que da la espalda a las emociones?
 
Pues sí, la competitividad máxima de la sociedad actual deja de lado a las emociones y es un gran error, puesto que muchos problemas de aprendizaje, de niños brillantes, vienen por conflictos emocionales que ellos no saben tratar y que algunas familias tampoco. La muerte de un familiar, el nacimiento de un hermano, una separación o divorcio, el cambio de residencia por ejemplo provocan conflictos emocionales. Las emociones son muy importantes para las personas. Si un niño/ adolescente no tiene inteligencia emocional no podrá progresar adecuadamente en la vida. Por otra parte, si queremos cambiar la sociedad a mejor, gestionar bien la inteligencia emocional, las emociones en la familia, revertirá positivamente en los demás, ya que seremos más solidarios, más empáticos con los demás.
 
 

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