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La relación entre hermanos es profundamente importante tanto para el desarrollo social como para el desarrollo cognitivo como para el desarrollo emocional. Este tipo de relación es definida como una de las relaciones humanas más complejas, pero al mismo tiempo una de las más duraderas y profundas que se puede llegar a tener en la vida. 

 

La intensidad de estas relaciones varía conforme se va creciendo y se va atravesando  por las diferentes etapas de la vida, por lo tanto es una relación de subidas y bajadas; de alegrías y enojos; de celos y cooperación.

Esta relación se suele caracterizar por ser más intensa durante la infancia, ya que es una etapa llena de peleas, juegos, celos etc, y donde se va forjando la identidad, o sea, se va definiendo la forma de ser y la personalidad. Es importante que se tenga en cuenta que  las peleas, las discusiones  y las disputas son lo más normal del mundo cuando hay hermanos en casa, pero hay que tener presente que se respete al otro y no vulnerar los límites que hayan puesto los padres (los límites deben ser iguales para todos, pero siempre se deben ajustar a la edad del niño/adolescente). El objetivo es que cada hijo se sienta valorado como un individuo.

A medida que se va pasando a etapas más maduras las relaciones entre hermanos se hacen más fuertes e importantes, donde los hermanos se pueden convertir en cómplices y partícipes de todo lo que sucede en la vida de uno.

Cuando se tiene una mayor diferencia en edades, el hermano mayor tendrá una actitud protectora hacia el hermano menor, y éste verá al mayor como una referencia y ejemplo. Hay que dejar que los hijos se cuiden entre sí, esto les creará un buen vínculo y un clima afectivo duradero que les ayudará a poder establecer otras relaciones interpersonales.

Esta relación y el tipo de interacción está estrechamente relacionada con el tipo de relación que tengan los padres con los hijos, y como estos tratan a cada hijo, sobretodo la relación de la madre con sus hijos.

A veces se puede verbalizar a los hijos que se quieren a todos por igual, personalmente pienso que eso es imposible ya que no tenemos un medidor exacto que nos valora el amor por partes iguales. Los hijos son especiales, se aman y se quieren mucho ¡sí!, pero también cada uno es un ser único y ellos quieren que les ames por como son, de manera individual y no por igual.

Hay que intentar no realizar comparaciones elogiosas, ya que estas pueden generar hostilidad entre hermanos, también hay que evitar identificarlos con ciertos papeles o categorías. 

Hay que procurar dedicarle parte del tiempo a estar a solas con cada uno de los hijos y realizar juntos algo que les guste y les atraiga, dedícales ese tiempo realizando algo que es especial para ellos, es un momento único y que les llenará de alegría y solidificará su desarrollo emocional. Gran parte de la rivalidad entre hermanos tiene que ver con la atención, dales a cada uno la atención que necesitan, no todos los hijos necesitan la misma cantidad de atención, pero sí que necesitan la misma calidad de atención.

                                                       Dedico este post a mis dos hermanas: Kelia y Montse.

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